Hace unos años escribí un libro en el que intenté reflejar lo que pienso sobre nuestra identidad como nación. No había mucho escrito sobre el tema, y advertí que se lo quería explicar con doctrinas poco claras, más ocupadas en imponer una ideología que en describir nuestra esencia. Por supuesto, la realidad tan rica y variada de nuestro país hace más difícil el análisis, especialmente cuando tenemos un auténtico parentesco con nuestros vecinos.

Intenté identificar los elementos que nos caracterizan como nación. Si bien es cierto que, como hispanoamericanos, compartimos muchos puntos de contacto con las naciones vecinas, los argentinos, por cuestiones históricas, por hechos que conmovieron a nuestro pueblo y por el accionar de algunas personas que marcaron nuestra tradición, nos diferenciamos de los pueblos hermanos.

Vale la pena aclarar que no es un tema cerrado, sino apenas el inicio de un diálogo que nos ayude a entendernos y a proyectarnos como nación. Creo que hay al menos tres cuestiones que nos pintan como nación:

1. La figura del Negro Manuel

Es muy ejemplificativa. Para quienes no saben quién fue, se trató de un esclavo que, hacia el año 1600, llegó a nuestro país para servir en una estancia en Santiago del Estero. Como suele suceder, no llegó a destino. Se quedó en un vado junto al río Luján, en la zona de Zelaya, cuidando la imagen de la Virgen que había sido traída por pedido de un hacendado santiagueño. Parece que esa imagen quiso quedarse allí, y este esclavo también.

Originario de Guinea —aunque algunos sostienen que era de Cabo Verde—, no sabemos si estaba bautizado (se presume que sí, porque en Brasil se los bautizaba compulsivamente para cumplir con la ley). Posiblemente no hablaba castellano y seguramente no tenía formación religiosa. Quedó olvidado allí, difundiendo la devoción a la Virgen, hasta el punto de que esa imagen fue nombrada patrona de nuestro país.

Este esclavo, del que sabemos muy poco, fue trasladado en procesión por el obispo junto a la Virgen a Luján y nombrado sacristán, probablemente con un sueldo, algo contrario a la ley e impensado en esa época. Tampoco sabemos dónde están sus restos. Sin embargo, la diócesis de Buenos Aires inició en 2016 el proceso de canonización. Reitero: no se sabe con certeza si fue bautizado, nunca fue liberado como esclavo y, aun así, nunca tuvo un amo a quien servir. No sabemos dónde están sus restos, pero en Argentina hoy es Siervo de Dios, cuando en cualquier otro lugar del mundo el trámite se habría archivado.

2. La incidencia de las mujeres en nuestra historia

Si menciono a Mencía Calderón Ocampo, posiblemente pocos sepan quién fue. La primera adelantada de nuestra región fue mujer. Yo siempre la recuerdo como la abuela de Hernandarias, y a ella debemos la existencia de la ganadería en todo nuestro territorio (una historia muy pintoresca).

La fundación de Buenos Aires tuvo a una mujer como protagonista (Ana Díaz). La reconquista de Buenos Aires también contó con mujeres destacadas (Céspedes, Manuela Pedraza y tantas otras que, desde los techos, convencieron al ejército británico —que había vencido a China en las guerras del opio— de retirarse para no volver).

Macacha Güemes, Juana Azurduy, María Remedios del Valle (ironías de la vida, su segundo nombre), y las damas mendocinas, cuyos nombres casi nunca se mencionan, todas contribuyeron a la construcción de la patria. También las cautivas, las vascas, las friulanas: todas aportaron a la independencia, al crecimiento económico y al desarrollo del país, muchas veces en el anonimato.

Y no podemos olvidar a Mama Antula.

3. Los reconocimientos poéticos a nuestros héroes

Desde las cantatas al regimiento de pardos y esclavos en las invasiones inglesas hasta Muchacho, que recuerda a los jóvenes de Malvinas, nuestra poesía ha dado voz a los héroes, aunque los historiadores no los reconozcan. En muchos casos los conocemos gracias a esas canciones o simplemente por los comentarios que ellas generaron. Es esa extraña distorsión entre nuestra historia y el relato de nuestra historia.

Todo esto nos modeló como nación. En cierta forma, intentamos describirlo para entendernos y proyectarnos hacia el futuro.