Por Cristian Heredia

Toda una vida bajo el manto de la Justicia Social, abrazado a los ejemplos de lucha e ideales del Peronismo, con una realidad y niñez absolutamente distinta al resto, quemando etapas de la vida muy rápido, pero siempre aferrado al ejemplo y valores que me inculcaron mis padres como Peronistas, siempre respetando la palabra del otro y poniendo las necesidades del otro por sobre todas cosas, el ser humano siempre en primer plano más allá de todo.

Mi impronta no fue por seguir una simple doctrina Peronista, y digo «simple» por cómo se vienen manejando desde hace años, desprestigiando nuestra bandera y Movimiento, sin puesta en valor ni propuestas, sin permitir la participación de nuevas miradas y cuadros políticos, lleno de vende humos, de la boca para afuera” hablan y dicen «, pero no hacen.

Cuando Mejor que Decir Es Hacer y Mejor Que Prometer Es Realizar.

Se achantaron, se abarataron se diría en la jerga, comenzaron a vivir desde lo romántico del discurso hablando de Justicia Social desde un escritorio, sin tener vínculo con la realidad, sin caminar la calle menos los pasillos de los barrios, con versiones distorsionadas del día a día, enquistados en una política a dedo, que se aplica sólo a unos pocos amigos, a puertas cerradas, Sectaria, Mezquina, Manipulada y Extorsiva.

Hacer Peronismo, hacer Justicia Social no es eso. No es lo que me inculcaron mis padres.

Por eso, por haberlos  visto luchar no solo por nosotros sus hijos, 6 en total, sino también contra las dictaduras Militares y de la vida, contra las barreras, los prejuicios, las discriminaciones, sin quizá la capacidad intelectual ni educativa, igualmente se fueron abriendo camino en esta vida con acciones, con hechos, organizándose con los mismos vecinos, haciendo tendidos eléctricos con sus manos, construyendo las redes de agua y cloaca con las pocas y nada de herramientas que brinda un estado ausente, de persecución y dictatorial, en aquellas épocas de oscuridad, donde a las villas nos pusieron números para identificarnos.

Ante toda adversidad los vecinos siempre resolvieron las cosas juntos y organizados realmente, no como un slogan.

En esos interminables pasillos que desde niño recorría junto a mis hermanos y amigos en la villa 21-24 fui creciendo, primero recibiéndome en la escuela de la vida, capacitándome e incursionando desde mi pasional y revolucionaria ideología en una política diferente, UNA POLÍTICA PARA TRANSFORMAR REALIDADES, siempre soñando desde mis ideales y locuras con cambios profundos y definitivos para el barrio que me vio nacer, crecer, y donde me quiero morir pero repito, viéndolo transformado, con una verdadera Integración Urbana en esta Ciudad De Buenos Aires ,como siempre lo soñaron mis padres.

Estas últimas palabras de ejemplo son con las que pregono y aplico con un gran equipo de compañeros comprometidos realmente con el otro hace años.

Primero como futbolista soñé con transformar los potreros del barrio, luego como músico y el poder llegara tener un espacio en donde los artistas del barrio puedan mostrarse y mejorar desde el arte y la cultura, más instrumentos musicales y menos armas, así también remodelar una de las secundarias más importantes del barrio, haberle dado batalla al COVID 19 desde un espacio de salud en el corazón del barrio que nació desde abajo para arriba, por una verdadera demanda y necesidad colectiva, seguir siendo parte desde el silencio en otras transformaciones no solo referidas a la salud que se están dando actualmente.

Asfaltar e iluminar calles, hacer veredas, generar proyectos de agua y cloacas, conseguir y gestionar nuevos transformadores desde la mesa de riesgo eléctrico, crear una mesa con el gobierno y la recolección de basura puerta a puerta y así infinitas acciones que solo pueden lograrse con Justicia Social, y con un verdadero grupo humano de dónde nació todo, llamado en villa 21-24 La Multicolor.

Todo esto sin manejar Planes Sociales, sin tener Cooperativas ni programas, ni fundaciones, ni tarjetas, pero sí pensando en quienes sí lo tenían y necesitaban como herramienta de trabajo.

En el transcurso de estos años a medida que fui incursionando en mi Derecho al Delirio (derecho a soñar E.G) desde la militancia, siempre instruyendo y capacitando tuve la posibilidad de conocer a la mayoría de los que hoy están en el ámbito político, tuve la suerte y no tan suerte de militar para muchos, de creer en muy pocos, de sentirme totalmente decepcionado y desilusionado por la mayoría.

Lo loco de esta historia, con el correr de los años es que cada acción llevada a cabo, cada transformación en nuestro territorio la pudimos lograr gracias a cruzarnos con compañeros que pertenecían a otros partidos y colores políticos que por casualidades de la vida o alineación de las constelaciones o planetas llámese como se llame estaban en la gestión de esos procesos, en el momento justo y preciso, casualmente cada uno de ellos llevaban la justicia social como emblema y así como me pasó a mi fueron desplazados y ninguneados por kirchneristas y peronistas por ser locos soñadores y revolucionarios de las acciones.

La Casa De La Cultura en Villa 21-24 es uno de los tantos ejemplos de Mezquindad de la Cámpora, corriendo y dejando en la calle a los mismos compañeros que hicimos realidad ese sueño.

No se podía debatir, cuestionar, opinar, exigir ni tampoco plantear proyectos.

No se podía sobresalir, ni ser protagonista, ni estar por encima de los que ya estaban, no respetaban el compromiso y labor territorial de los compañeros, no se reconocía el compromiso social de los que realmente estábamos con la gente.

A todos nos pasó lo mismo, por no acatar las bajadas de línea, por ser libres.

Por todo esto me hice a un lado, hasta llegué a descreer de la política y casi abandonarla después de tantos años, después de tantos sacrificios, de tantos palos en la rueda y tanta maldad dando vueltas por querer borrar lo imborrable, a las palabras se las lleva el viento, pero los hechos quedan, para siempre.

En el correr de los últimos años me reencontré con un gran amigo, Christian Sebastián Juárez «El TORY» con él comenzamos juntos y luego agarramos diferentes caminos, pasamos exactamente lo mismo, las mismas desilusiones, pero somos de la misma madera y códigos de vida.

En reiteradas oportunidades volvimos a reunirnos siempre con los mismos objetivos políticos, la Justicia Social siempre como Bandera pero ahora desde un lugar diferente, con gente diferente, con una participación diferente, con un protagonismo diferente y fue así que conocí a Carlos conocí (El Loco De El Mar) Lo Llame al doctor, primero al escuchar y conocer sus ideales Revolucionarios con el Mar como horizonte para cambiar la realidad argentina, pero más a aun cuando ambos me hablaron sobre La Democracia Cristiana y el Humanismo con Justicia Social, me volví a ilusionar, conocí su espacio, su gente, sus proyectos, su Compromiso Social y me subí al barco, hoy estoy donde hace mucho tiempo debería haber estado, sin manipulaciones ni ataduras, hoy pertenezco a La Democracia Cristiana porque así Dios lo quiso, con un objetivo muy claro cueste lo que cueste, recuperar y reivindicar La Junta Vecinal De La Villa 21-24 e ir por una Comuna 4 más Integradora, más Justa e Inclusiva.