El presidente de la Nación en la apertura de las sesiones ordinarias volvió a plantear la necesidad de dar batalla en la guerra cultural.
Y nuevamente resonaron en mis oídos la propuesta papal de volver al corazón. Pero sobre todas las cosas, comprendí una parte del planteo formulados sobre la ignorancia del hombre a pesar de sus conocimientos. El problema de los algoritmos que podrían decidir en forma muy semejante a la nuestra, mostrando que nuestra forma de razonar tal vez no sea el elemento distintivo.
Por otro lado, también resonó el planteo educativo de imponer límites no solo los personales, sino también los familiares, los grupales y los sociales. Y este pensamiento fluido que intenta imponer a la sociedad la ausencia de límites que en definitiva no es más que limitar la autodeterminación o la autolimitación, y en algunos casos impedir al hombre gozar de un pensamiento autentico. Ya que aquellos que tienen algún respeto a la tradición y los valores tradicionales es calificado automáticamente de facho, nazi o antidemocrático.
Ahora bien, volviendo al título, nos encontramos con un concepto que se fue desarrollando en el hemisferio norte, donde la Guerra cultural o batalla cultural es el conflicto ideológico entre grupos sociales y la lucha por el dominio de sus valores, creencias y prácticas. Circunscriptas a temas candentes de amplio desacuerdo social, donde la polarización en valores sociales es evidente; principalmente por no poner al ser humano en el centro del problema, sino a las ideologías. En ocasiones se apalancan en la asimetría de poder, esta batalla deja de basarse en argumentos válidos para adoptar connotaciones de abuso de poder y propaganda para instalar un revisionismo histórico (negacionismo) o el ahistorisismo (reseteo social).
El término es generalmente utilizado para describir políticas contemporáneas en asuntos como la eutanasia, el aborto, la homosexualidad, la pornografía, el multiculturalismo y otros conflictos originados porque el bando que considera inmorales determinados comportamientos promueve que sigan prohibidos por la ley, si ya lo están, o que se prohíban si están permitidos, mientras que el bando enfrentado aboga, por lo contrario y la ampliación de derechos haciendo cargo de las obligaciones a toda la sociedad.
Estos principios, o planteos que parecen sumamente congruentes y racionales, no hacen más que desnudar uno de los problemas que trajo aparejada la ilustración. La pérdida de los valores y la idea de realidad, que conduce a brillantes razonamientos tal alejados de la verdad que, si no fuera por la congruencia de los mismos, a sus mentores los internarían en un manicomio.
Los algoritmos, las redes sociales y la prensa han generado una burbuja de información, donde a menudo se hablan de noticias falsas, descontextualización de declaraciones, etc. Lo cierto es que la realidad se mira a través de los medios de comunicación y los argumentos lógicos cargados de racionalismo, que pueden tener algún punto de contacto con la realidad. Pero en definitiva es un grupo de personas que hablan entre sí y no tienen idea de lo que está pasando. Ello se reflejo con claridad en la expresión criolla de “Clarin miente” donde desde el gobierno y con intereses adversos a la ciudadanía, puso en evidencia este paradigma. Puso en evidencia la verdadera burbuja, la que nos impide aprehender correctamente la realidad.
En varias elecciones, los medios no entendieron, ni reflejaron la realidad. Fue sorpresa el triunfo de Vidal en provincia de Buenos Aires, y de Milei en la Presidencia. Pero también esta percepción de la realidad afecta otras cuestiones que se intentan imponer desde la ideología. Los problemas de género y el lenguaje inclusivo o lenguaje no binario, la cultura fluida, el aborto, la eutanasia.
Sin embargo la realidad es otra. Y esta presunta guerra cultural es simplemente la percepción de la realidad a partir de la ideología y la fragmentación mediática (algoritmos de internet y publicidad política en los medios), desconectada de la realidad y por sobre todas las cosas desconectada con la creencia de las personas, la tradición y la historia.
Desconocen la evolución cultural como único medio de transformación, intenta imponer cambios en base a posiciones ideológicas absolutamente reñidas con la realidad y la verdad. Tanto por parte de la izquierda como por parte de los conservadores. Pierden de vista al ser humano y sus necesidades
Sin embargo, la persona común está completamente alejada a esa realidad y eso estanca el conflicto, ya que ninguna facción puede avanzar sino es por el uso del estado para imponerse autoritariamente.
En realidad, hay hombres y mujeres con conflictos respecto de su sexualidad, hay personas desordenadas en su vida afectiva que se enfrentan a embarazos inesperados, hay niños que sufren abusos intra o extra familiares, hay mujeres que sufren de violencia física, psicológica, económica y moral, y todos necesitan protección y ayuda que no pasa por marchas y visibilizarían o por descripción del problema y la negación de responsabilidad. Sino por adoptar políticas que corrijan estas atrocidades.
La ignorancia de las situaciones humanas humillantes, que perturban la vida de las victimas no se solucionan con su normalización o su negación, sino con una solución adecuada.
Por otro lado, las consecuencias de todos estos hechos tampoco se solucionan con discursos de odio o discriminación, sino con políticas publicas de contención y educación. No tapando la ignorancia con discursos, razonamientos y disquisiciones que nada aportan a una solución. Por esto es que la mentada guerra ideológica entre izquierda y derecha no es mas que IGNORANCIA de la realidad humana disimulada por gran ILUSTRCION.
Por ello propongo referirnos a ello como Ignorancia Ilustrada o ilustración dislocada.
GRACIASC Dr Gustavo Diaz Nlaoblega Se observa en su análisis el aporte con ideas valiosas para construir políticas públicas de contencion y educacio
Muy interesante
Un enfoque profundamente humano y realista de realidades que no se solucionan tapándolos. Solo la verdad nos hará libres