Atrevámonos a pensar en un país unido, que genere conocimiento y riqueza para instalarse entre los países que lideren el continente y su voz influya a nivel mundial.

Creo que este es el deseo de todos los argentinos. Ya estuvimos en ese lugar gracias a personas como San Martin, Belgrano, Felix Frias, Santiago Estrada, Francisco P. Moreno, Emilio Lamarca, Miguel Goyena, Manuel Ricardo Trilles, Luis Sáenz Peña, Vicente Fidel López, Bernardo de Irigoyen, Roca y Perón. Pero gracias a la confusión de la idea de libertad confrontada con el liberalismo. Se inicio un largo camino hacia la INSIGNIFICANCIA.

Seguimos en ese camino. Ningún político se atreve a expresar la idea de un país de pie. Soberano, independiente e integrado al mundo. Tal vez por el temor lógico al fracaso. Tal vez porque sean slogans usados en épocas oscuras.

Esta claro que si no nos atrevemos a soñar con una Argentina que lidere el progreso, seguiremos con el relato del pobrismo de derecha o de izquierda. Pero siempre pobres.

Escuchar que la política de estado es bajara la inflación, un plato de comida en la mesa de cada argentino, educación gratuita para todos. Son consignas muy valiosas, pero solo son eso. Ejecutarlas o no, no sirven para nada si no se fija un destino común. Sirven para la tribuna. Pero no construyen una nación.

Si no imponemos metas elevadas seguiremos en la misma insignificancia que nos trajo a la situación actual. Seguiremos diluyendo la grandeza de nuestra cultura de encuentro, amistad y solidaridad en mezquinas e insolentes proclamas ideológicas.

Debemos pensar en un país exportador, abandonar el concepto de sustitución de importaciones que tanto mal nos hizo, a pesar que alguna vez nos dio de que hablar.

Pensar una nación unida al progreso implica crear un sentido de identidad y propósito común. Obviamente sin olvidarnos de nuestros hermanos y conciudadanos que quedan al costado del camino por infinidad de motivos, pero sacarlos de esa situación utilizando las políticas de bienestar social que respondan a una idea de grandeza y no al pobrismo que imponen los que creen que todo es lucha de clases.

Para logra esto no hay mucho para inventar, solo cumplir con el preámbulo de la Constitución Nacional: Unidad nacional, Bienestar general, Paz interior, y gozar los beneficios de la libertad.

Alguna vez lo hicimos. Unimos las universidades al trabajo. Generamos conocimiento para el desarrollo, pero nos quedamos en las mezquindades que no sabemos interpretar.

Promovemos la educación pública, pero nos negamos a la transferencia de conocimientos de la investigación estatal a la actividad privada. Por un lado, fomentamos la transferencia de conocimientos en forma gratuita a todas las personas, pero nos oponemos a la trasferencia de conocimiento gratuito a algunas personas. Porque entender a unos como amigos y beneficiarios del conocimiento y a otros enemigos indignos del conocimiento. En una economía que solo es competitiva si hay conocimiento en su cadena de valor, esta actitud es insostenible.

Tal vez el problema sea la insignificancia en la que caímos. Tal vez sea la falta de un proyecto común que nos anime a confiar en el otro como un compatriota.