María Corina Machado fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025 por su lucha pacífica por la democracia en Venezuela, en un contexto de resistencia desde la clandestinidad y el exilio. Su reconocimiento internacional refuerza el llamado a una transición democrática en su país.
La entrega del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado marca un hito en la historia política de Venezuela y de América Latina. El Comité Noruego del Nobel destacó su “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.
Durante su participación en el Foro América Libre en Ciudad de México, Machado relató cómo, pese a las reformas impuestas al sistema electoral venezolano, la oposición logró ganar las elecciones de 2024. Sin embargo, el régimen se negó a reconocer los resultados y a transferir el poder. Desde entonces, el presidente electo Edmundo González Urrutia —exiliado en España— y Machado —en la clandestinidad— continúan trabajando por una transición democrática sin recurrir a la violencia.
El Foro también sirvió como espacio para reflexionar sobre los patrones comunes de los regímenes autoritarios en América Latina:
- Pobreza estructural, desigualdad y corrupción como caldo de cultivo para el populismo autoritario.
- Manipulación legal: reformas al sistema de partidos, medios de comunicación, justicia y programas sociales para consolidar el poder.
- Deslegitimación institucional: designación de funcionarios que erosionan la confianza pública.
- Repetición de estrategias autoritarias con resultados previsibles, sin importar la ideología.
Estas prácticas fueron señaladas en los casos de México, Nicaragua, Venezuela, Colombia y El Salvador, aunque con matices ideológicos distintos. La ausencia de representantes de países como Cuba, Perú, Chile, Paraguay, Ecuador, Honduras, Guatemala, Panamá y Brasil dejó vacíos en el análisis regional, pero no impidió que se identificaran tendencias comunes.
También se mencionaron preocupaciones similares en Europa, lo que sugiere que los desafíos a la democracia no son exclusivos del continente americano. La conclusión del Foro apuntó hacia la necesidad de un nuevo orden mundial, más justo y democrático, aunque se dejó claro que la responsabilidad de actuar recae en cada nación.
El reconocimiento a Machado no solo honra su trayectoria, sino que también simboliza un respaldo internacional a los movimientos democráticos que, incluso desde la clandestinidad o el exilio, siguen luchando por la libertad. Como ella misma expresó tras recibir la noticia: “Es un firme llamado para la transición a la democracia en Venezuela”.