Las manifestaciones vertidas por el Presidente Donal Trump respecto del Papa Leon XIV,son un ataque directo al pensamiento cristiano-

Entendemos que el pensamiento e interés religioso de Su Santidad obligan a bregar por la paz, la verdad y la justicia.

Confrontar de esta manera es intentar arrastrar la reserva moral que representa el sumo pontífice a la justificación de un accionar que tiene como objetivo preservar el poder político a través de la fuerza.

En esta confrontación quedaron enfrentados el materialismo posmoderno y el humanismo cristiano.

Si bien colisionan principios en la concepción de la política. Por un lado, el racionalismo que entienda a la política como una gestión donde el dinero y como la mentira, el engaño y la traición como forma de hacer política y del otro lado la la verdad, las ideas y el trabajo.

Es el enfrentamiento entre el afán de poder y el poder que legitima la autoridad.

Entre el poder de la palabra capaz de transformar al ser humano y la realidad, y la búsqueda del poder a partir del discurso.

Una palabra que construye, la otra se apodera de lo construido hasta que colapsa. Que la degradación de la conciencia poniendo en peligro la civilizaciones que pretende cuidar.

Donald Trump publicó en redes sociales amenazando con la destrucción de la infraestructura civil si sus líderes no acataban las demandas. En una rueda de prensa el lunes, intensificó la amenaza: «Todo el país puede ser aniquilado en una noche, y esa noche podría ser mañana». Al día siguiente, Trump subió la apuesta al máximo: «Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás». Ahora ataca a un jefe de estado y líder espiritual calificándolo de débil.

Mantiene el discurso de campaña donde la palabra es una herramienta para obtener poder, sin entender que lo que decimos importa. Y cómo lo decimos también importa. Esto es especialmente cierto siempre y mas aún en tiempos de guerra, cuando hay mucho en juego moralmente. Por eso me preocupa la retórica aniquilacionista que emana de la Casa Blanca y replica el Gobierno Argentino. Nos insensibiliza y corroe nuestra sensibilidad moral. Nos hace perder de vista la importancia de la libertad y lo destructiva que es la corrupción, el autoritarismo y el oscurantismo que representa la teocracia Iraní.

Coincido con quienes sostienen que la retórica política acalorada (ahora común tanto en la izquierda como en la derecha) incita a las personas inestables a recurrir a la violencia política. Pero hay que tener presente que los pocos cuyo sentido moral ya está embotado se ven aún más degradados. Y todos salimos perjudicados. Nuestra conciencia cívica se corrompe; nuestros valores se degradan y en definitiva se corrompe la democracia

Y si bien Estados Unidos saldrá fortalecido de la guerra con Irán, y podrá asegurar la paz en la región y controlar a Irán. Y Argentina podrá recibir algunos beneficios. Esto perjudica la moral colectiva al aceptar el uso de medios inmorales para lograr ese fin. Los peligros de una retórica indisciplinada y exagerada son graves.

Los líderes políticos deben servir a los intereses de quienes gobiernan. Esto a menudo requiere astucia, que Jesús no descarta. No quiero que quienes nos guían a la guerra sean como Urías el hitita, confiados ingenuamente y aparentemente intachables, cuando las circunstancias exigen astucia. En tiempos de guerra, es moralmente lícito que los gobiernos recurran al engaño. Incluso es permisible engañar al propio pueblo, como suele hacerse para mantener alta la moral.

Pero el liderazgo político tiene una dimensión educativa. Los líderes tienen el deber de fomentar la virtud y reprimir el vicio. En una cultura democrática, este deber se ve severamente limitado, e incluso anulado en ocasiones, por el imperativo de la representación. Como han reconocido muchos pensadores políticos, dado que los líderes deben ganar votos, la democracia tiende a tolerar lo mediocre, incluso lo vil.

Los tiempos de guerra son diferentes. Hay vidas en juego. A medida que aumenta la tensión, nos dejamos llevar por la sed de sangre. Nuestra visión moral puede estrecharse con demasiada facilidad. En nuestra era tecnológica, las máquinas de guerra se han vuelto extraordinariamente destructivas.

Desde el inicio de la guerra contra Irán, la administración Trump ha recurrido a una retórica extrema y sanguinaria. Sus funcionarios creen que están intimidando a los enemigos de Estados Unidos e inspirando al pueblo estadounidense. Se equivocan. Su retórica bélica, especialmente las declaraciones atroces sobre la aniquilación de civilizaciones enteras, degrada al pueblo y adormece nuestra conciencia.

Por ello, el ataque directo al pensamiento cristiano encabezado por el papa Leon XIV, no es mas que la degradación de la conciencia que inexorablemente acaba con las civilizaciones.