PROGRESIA
El progresismo pragmático, tan alabado por sus mentores, ha infligido una grave herida al sistema democrático. Mientras se discuten zonceras, se entabla una lucha cultural por el lenguaje. Inevitablemente recibimos un caballo de Troya con su trágico desenlace.
La intención de instalar el populismo como clave de lectura de la realidad social, ignora la legitimidad de la noción de pueblo. El intento de hacer desaparecer del lenguaje esta categoría podría llevar a eliminar la misma palabra democracia.
Sin darnos cuenta, la política y el discurso se plagan de frases y slogans de lenguaje confuso, a veces pintoresco, que describe la realidad con simbolismos tan inciertos como equívocos, que en definitiva nadie esta muy seguro de su significado. Un lenguaje rico en eufemismos.
El eufemismo es el virus del lenguaje impuesto a la política, que enferma de muerte a la democracia.
EUFEMISMOS
Cualquier diálogo político actual es signado por metáforas que esconden con simpatía los hechos más perversos de la actualidad: Confunden, impiden el diálogo político, fanatizan y lentamente normalizan la corrupción.
Tan brutal es el efecto sobre la sociedad, que impide la comprensión. Y en estas épocas de las fuerzas del cielo, Babel es el símbolo de la desnaturalización del lenguaje.
A partir de de estos eufemismos, promovemos sistemas valorativos perversos, imponiendo injustas y pesadas obligaciones sobre los más débiles, allanando el camino de la riqueza sin causa justificable de los más poderosos, destruyendo el concepto de esfuerzo para lograr una inmovilidad social.
Ejemplos de ellos muy conocidos y naturalizados: las famosas cajas. No hace mucho en la charla con un obispo frente al proyecto de desarrollo a partir del Mar, nos comentaba que sería muy difícil, toda vez que la pesca era “una caja”. No deja muy claro a que se refiere, sin embargo cuando se usa el termino “caja” es un simple eufemismo para definir una situación de poder que permite la corrupción en forma institucionalizada.
Cuando se habla de pobreza estructural, nos referimos al más vil de los clientelismos políticos. Donde privamos de su libertad a los más vulnerables. Con dádivas los mantenemos pobres y obedientes, para perpetuarse en el poder aquel que con su firma otorga, sanciona o quita el beneficio social. Es la más vil esclavitud política.
Otro eufemismo muy llamativo es la ancha avenida del medio, o el centrismo, que no es más que la tibieza política: Lo que formalmente se definió como el «panquequismo» o «borocotismo», cuando en realidad estamos hablando de traidores sin ideas que escudándose en la “gestión” solo expresan y hacen lo que reclaman los poderosos o formadores de opinión, cuando en realidad es la posición superadora donde la política es la actividad transformadora de la realidad, en busca del bien común, siendo el hombre el centro y destinatario de todas las acciones.
Y el más genial de los eufemismo son los referentes sociales. Ellos son personas que con su creatividad, generosidad, valentía y esfuerzo desinteresados tratan de transformar la realidad orientada al bien común. Sin embargo cuando nos referimos a referentes sociales en realidad nos referimos a una banda de matones que a fuerza de cualquier tipo de violencia imponen su voluntad en un territorio en el cual saquean a los pobres para enriquecerse a través de la manipulación de masas, y el saqueo de las arcas públicas bajo el manto de mitigar la pobreza, dónde generar empleo es fomentar la vagancia rentada.
Ni hablar cuando se refieren al proyecto, emblema del buen gobierno, donde se establecen metas orientadas al bien común, donde se programan acciones tendientes al desarrollo integral del ser humano. Un programa donde todos saben que se debe hacer para llegar a ese ansiado destino. Sin embargo cuando se utiliza este concepto, nadie sabe cual es el proyecto. Nadie lo describe, y los hechos marcan claramente que se trata de una metodología de saqueo de las arcas estatales para enriquecer a los amigos y mantener a fuerza de dinero un estatus quo, donde solo se encuentra una facción que intenta mantenerse en el poder. Proyecto que solo conjuga con el vamos por todo.
Estos eufemismos hacen mal a la democracia. A 40 años de haberla conseguido es hora que la defendamos promoviendo la fraternidad, la verdad y la justicia.