En el mes de mayo, según cuenta R.R. Reno, (First Things) el presidente Biden comenzó su discurso sobre el Estado de la Unión invocando la amenaza nazi. Dice que no es un planteo aislado de la máxima autoridad del país del norte, ya que vuelve a cargar contra el candidato republicano en la convención nacional demócrata (agosto de 2024) acusándolo de “imbécil”, y afirmando que “Donald Trump dice que se negará a aceptar el resultado de las elecciones si vuelve a perder” “…prometiendo un baño de sangre si pierde, …. Y que será un dictador desde el primer día, en sus propias palabras”. También nos recordó que, Franklin Roosevelt convocó a la nación, mientras “Hitler estaba en marcha” y “la libertad y la democracia estaban bajo ataque”. En una versión bastante libre de la historia. No porque no fuera cierto, sino porque quien efectivamente se opuso al avance de Hitler cuando era preciso hacerlo, vivía en Londres.

También es cierto “que la libertad y la democracia están bajo ataque, en todos lados y al mismo tiempo”. No exactamente por la defensa de valores conservadores.

Este mismo planteo es el discurso oficial extremista de muchos mandatarios. En El Salvador, son las maras. En Argentina, Venezuela, Ecuador, Nicaragua es el peronismo, la Casta, los zurdos, o será el colonialismo o el neoliberalismo, según sea el turno.

No importa quién es el enemigo elegido en cada turno o gobierno. Será Putin, Hamas, Israel, o el NOM, la derecha o la izquierda, la sinarquía o los reptilianos. De cualquier forma es irresponsable este tipo de afirmación en la boca de un mandatario. Estas afirmaciones colocan a los opositores en una posición muy compleja. Dejan de ser oponentes políticos, para ser sino de enemigos y traidores aliados a enemigos como Hitler (que por si no lo recuerdan murió en 1945 de un tiro en la cabeza y quemado en el jardín de la cancillería del Reich) o Perón (murió en 1974) o el Che Guevara (murió en 1967) o Gramsci (murió 1937).

Esta retórica en boca de cualquier presidente en funciones es irresponsable, aunque no sea en un acto oficial, pues es una política divisiva, que busca crear una sociedad polarizada. ¿No es una amenaza para la democracia, un político importante definiendo a la oposición política como traición? ¿No estaba superada esta dialéctica de amigo enemigo?

Lamentablemente “… la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales. Lo que nos recuerda que cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún” (Frattelli Tutti punto 119).

Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos» (Frattelli Tutti punto 120).

El Papa Francisco se anticipó a esta realidad del discurso político hoy claramente reinante, pero que ya se empezaba a esbozar en los planteos políticos a nivel global.

Si bien es cierto que es altamente atractiva esta forma de hablar. Parece irresistible para las élites materialistas usan estos eufemismos, advierten que dañan al cuerpo político, pero no les importa. Recurren a Hitler, al fascismo, al nazismo, al peronismo, al comunismo, al populismo, a pesar que no hace mucho afirmaban que eran ideas superadas y derrotadas. Promueven una segunda oportunidad a ideas fenecidas, autoritarias y decadentes. Simplemente porque no saben hacer (creen que todo lo hace el mercado). La política recurre al animismo, recurre a una vieja religión donde los espíritus gobiernan y construyen la historia sin necesidad de acciones concretas de los hombres. Volvemos a creencias light de Zeus (el mercado o el capital) y los dioses del Olimpo que gobiernan los destinos del hombre. Y que la libertad del hombre reside en su autopercepción.

Esto nos hace chocar contra cuestiones imposibles de definir. No solo por su dificultad, sino porque son literalmente auto contradictorias.

La diversidad y el pluralismo en esta concepción de amigos y traidores no son más que palabras ambiguas que representan una idea única, autoritaria. Que en definitiva promueven la dispersión y el más absoluto relativismo.

Cuando se piensa en diversidad o pluralidad solo se piensa en LGTB, cuando deberíamos estar pensando en un conjunto de tradiciones aportadas por los distintos pueblos y culturas que se han incorporado como historias mínimas al acervo cultural argentino. Las luchas que como pueblo libramos y nos unieron en una cultura diversa y única que nos reconoce como nación.

Sin embargo, cuando se plantea la necesaria de diversidad, generalmente chocamos contra la radicalización por rechazo o aceptación. Dos posiciones donde se confunde el concepto bajo el anacronismo y la distorsión histórica de los hechos.

Dos formas distintas pero confluyentes para lograr una nueva forma de autoritarismo y control institucional del sistema político. Renaud Camus, lo describe, y si bien asume el rol de mauvais garçon (chico malo, delincuente) de la escena literaria francesa, que oscila entre el supremacismo blanco y el supremacismo gay. Dice verdades incómodas en especial relacionadas con los autoengaños del establishment. Lo cierto es que no parece más importante si algo es verdad y ni siquiera si algo es bueno, sino si algo es bello, al menos según su definición. Sin perjuicio de una serie de dislates, ha meditado sobre “la segunda carrera de Adolf Hitler”. La primera carrera del dictador, que se desarrolló en Alemania durante los años del Tercer Reich, terminó en muerte y derrota. En la década del 60, Hitler alcanzó una segunda vida, esta vez como la encarnación del mal. Su nombre fue empleado “como un arma absoluta del lenguaje, como su fulminación suprema, la bomba atómica de las maldiciones”. El miedo al regreso de Hitler ejerció un poder casi totalitario, “un miedo”. A partir de ellos se construyó un sistema político fundado en el antirracismo y el anticolonialismo como proyectos sagrados. Las autoridades de larga data y las formas de vida tradicionales fueron puestas bajo sospecha, interrogadas en busca de signos de fascismo latente. El patriarcado, la homofobia y el resto se convirtieron en otras formas de abominación hitleriana. Si bien muchas de estas cuestiones fueron verdaderas, no responden a los desafíos que nos propone la historia hoy.

Considerar que “Europa es como un paciente que ha sufrido un cáncer terrible –el hitlerismo– y que es operado una y otra vez por cirujanos tremendamente minuciosos, aunque tal vez no siempre muy profesionales”. Los síntomas más leves desencadenan los procedimientos más extremos. Que no solucionan los problemas reales.

La pirámide poblacional apunta a un mundo desarrollado con una gran infraestructura habitacional, que en no más de 50 o 60 años quedarán deshabitados. Pirámides poblacionales que hoy son irreversibles. Ese mundo desarrollado requiere de gente joven que pueda cuidar y mantener esa infraestructura, y en especial a las personas mayores que las habitan.

Por otro lado, las sociedades superpobladas con gran cantidad de gente joven se encuentran sumidas en la pobreza, con escasos recursos y escasa infraestructura. Son forzados a migrar en búsqueda de una mejor vida. Ello tiene un costo, que es el desarraigo, la pérdida de identidad y una forma de pobreza diferente.

Nuevamente la política renueva los miedos, “la sustitución poblacional”, “la inseguridad”, etc. como formas de mantener la gobernabilidad en los sistemas políticos. La fortaleza de los gobiernos se centra en la unión por el espanto, más que en los proyectos políticos.

Claramente la solución está en éstos últimoss, en promover la fraternidad entre los pueblos, el desarrollo sostenible entre los países pobres, y que cada nación pueda retener con trabajo, dignidad y un futuro próspero a sus pobladores, lo que implicaría cambiar el eje de los sistemas políticos de la gobernabilidad al proyecto político y la integridad de sus gobernantes.